En este aspecto, ocurre que varias de esas decisiones formales (ángulos enfáticos, encuadres barrocos) acaban por distraer en lugar de acompañar con naturalidad las acciones. El ejemplo claro es el plano secuencia en la cancha de Racing, un episodio extraordinario y gozoso, aunque no es más que un prodigio técnico digno de un estilo operístico –como el de Scorsese, digamos– que no condice con la estética general del film.
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